El velo de la novia

El velo es un protagonista indiscutible entre los complementos que luce la novia el día de su boda. Esta pieza está compuesta por una tela muy fina y transparente, como puede ser el tul o la organza. Pero, ¿sabes de dónde viene este complemento?

El por qué del velo de la novia

En la antigüedad, la mayoría de los matrimonios se pactaban entre familias y era raro que la pareja se conociese antes del enlace. Esto provocó que las novias comenzaran a llevar velo para evitar que el novio la rechazase, puesto que no podía verle la cara hasta que la ceremonia hubiese finalizado.

En tiempos de los griegos y romanos, la costumbre de llevar velo se debía a razones de superstición y tenía la misión de proteger a la novia del mal de ojo que podía provocarle la envidia de otras mujeres. De hecho, la misma palabra “velo” viene de la raíz latina que significaba “protección”.

Pero no fue hasta el siglo XIX cuando se adoptó el velo como elemento “obligatorio” en las bodas cristianas, con la función simbólica de indicar la pureza o virginidad de la novia. De ahí que pasase a ser de color blanco exclusivamente.

Hoy en día, el uso del velo es una cuestión de gustos y en muchas ocasiones las novias optan por otros complementos como pueden ser las diademas o los tocados.

Tipos de velo de novia

Los velos se clasifican según su longitud:

  • Corto
  • Midi
  • Largo

Según como sea el velo, afectará tanto al peinado como a la forma en que se resaltan los rasgos del rostro de la novia.

Hay velos de todo tipo, como el catedral, que suele medir entre dos y tres metros. Puede ser de una sola capa, o dos, si incorpora una capa de tela mucho más corta, a menudo no más larga que los hombros.

El velo capilla, cubre todo el largo del vestido y acompaña a los vestidos de novia con una cola más corta.

Protocolariamente hablando, son los dos velos más tradicionales y pueden llevarse cubriendo el rostro de la mujer, como se estilaba antaño. Al final de la ceremonia, será el nuevo esposo el que levante el velo y vea la cara de su mujer. Si no se quiere tapar el rostro, el velo se llevará prendido por una tiara o una diadema de pedrería.

Los velos de largo medio son una opción muy de moda actualmente y recuerdan un poco a épocas pasadas. Pueden llegar a la altura de la pierna de la novia o a la altura e su codo.

La mantilla es un velo medio que debe su nombre a las típicas mantillas del folclore español. Es un tipo de velo que deja el rostro despejado y no suele ser más largo que el codo de la novia. Está elaborado con complejos encajes y puntillas.

El de capa o cascada* es el velo con más volumen; puede estar hecho de varias capas y llega más o menos hasta la cintura de forma escalada y con ondulaciones.

Como velos cortos encontramos el blusher, elaborado en tul y que solo cubre la cara o el velo de rejilla, tendencia actual ya que da un estilo muy vintage a la novia. Este velo cubre parte del rostro y lleva  apliques con pedrería, plumas o flores. Estos velos tienen que tener algo de volumen para compensar el equilibrio del conjunto nupcial, y desde luego, son los más cómodos de llevar para cualquier novia.

La única cosa que tienen en común todos ellos es que hay que quitárselos después del ‘sí quiero’. Así como pasa con el vestido y siempre en sintonía con él, hay un tipo de velo para cada novia, ya sea largo o corto, llamativo o discreto. La clave para acertar en la elección, es que la prenda se identifique con el carácter de cada novia.

Como dijo Coco Chanel: “La moda pasa de moda, el estilo jamás”.

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